El Indio Solari y la misa ricotera más grande del mundo

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Llevo días viendo todo lo relacionado con la muerte del Indio Solari. No pude viajar así que lo he visto por televisión desde Calbuco y lo que aparece en la pantalla es siempre lo mismo. Gente. Más gente. Filas que a esta hora ya superan las setenta cuadras y un velatorio que la familia abrió «hasta que haga falta, para que nadie pierda su oportunidad de decirle adiós».

¿Podíamos haberlo imaginado? Creo que sí y creo que no. Lo esperábamos, en el sentido de que el Indio era esa clase de figura que iba a romper algo cuando muriera. Lo que no esperábamos, o al menos lo que yo no esperaba, era el orden. La calma. La familia pidió que no hubiera rabia y no hubo rabia. Setenta cuadras de duelo tranquilo, banderas, gente que se cuida sola porque el Indio siempre les pidió eso y al Indio siempre le creyeron más que a cualquier otra persona que les hubiera dicho lo mismo con las mismas palabras.

Eso no viene del periodismo de espectáculos. Viene de otra parte.

El Indio había convertido sus recitales en «el pogo más grande del mundo». Una forma de nombrar algo que no tenía nombre más preciso, una convocatoria sin precedente que él mismo miraba con una mezcla de orgullo y perplejidad. Lo que pasó en Avellaneda este fin de semana es el mismo fenómeno sin movimiento, sin música, sin cuerpo vivo. El pogo se detuvo y se volvió misa. El título se lo puso él, sin saberlo, hace décadas.

Hay una sola imagen política de estos tres días que vale la pena guardar. Maradona fue velado en la Casa Rosada. Al Indio, que había llamado a Milei «un disparate fascista» meses antes y al que Adorni le pidió públicamente que se «llame a silencio», no se le ofreció nada parecido. El kirchnerismo armó el velatorio. La familia, durante todo el viernes, simplemente no atendió el teléfono del gobierno. No hubo declaración, no hubo comunicado, no hubo explicación. No hizo falta ninguna.

Me pregunto si esto pasa igual cuando muera Charly, o Fito, o Gieco, o Nebbia. Mi instinto dice que no, no exactamente así. El Indio tenía algo que los otros no tienen en el mismo grado, que es la mística de la distancia. Nueve años sin pisar un escenario. Una esquivez que sostuvo con una disciplina que en cualquier otro hubiera parecido arrogancia pero que en él parecía coherencia. Los artistas que se acercan demasiado, que están en todos lados, que dan entrevistas y se dejan ver y se vuelven familiares, pierden algo que es muy difícil de recuperar. Charly se dejó ver en todos sus estados posibles, lo cual también es una forma de valentía, pero diferente. El Indio nunca se acercó demasiado y por eso muerto, sigue siendo intocable.

Las puertas del Polideportivo Gatica cerraron al amanecer del lunes, cuando ya no quedaba nadie en la fila. La condición se cumplió sola, sin anuncio, sin hora prefijada: la misa terminó cuando terminaron los fieles. Un millón de personas rodearon el predio durante esas veinte horas. Unas 500.000 pasaron directamente frente al féretro. Al lado del cajón, la gente fue dejando mensajes, banderas, camisetas de fútbol.

La familia lo cerró con una línea: «Ya está. Que su música no pare nunca más.»

Eso también lo dijo él, sin saberlo, hace décadas. Todo lo que está pasando esta semana en Argentina lo dijo él, sin saberlo, hace décadas.

Arturo Ledezma

Arturo Ledezma, creador de FANKY.

Soy editor periodístico, periodista, fotógrafo y asesor de estrategias digitales para medios de prensa.

Trabajé como editor general en Terra Chile, editor en La Hora y como editor periodístico en El Ciudadano.

Como escritor, fotógrafo y periodista he trabajado en Radio Biobío, La Hora, La Tribuna, Radio San Cristóbal, radio Ritoque, Radio Odisea, MQLTV, Rado Divine, Lecturas Ciudadanas, Fisura TN (Arg), El Nueve (Arg), TKM (Arg), Arena Pública (MX). Y como columnista he escrito sobre música y cultura en El Mercurio de Valparaíso, Revista Intemperie, El Dínamo, El Desconcierto.

Mi Insta: @arturoledezma.cl / Mi Whatsapp +569 4056 0537 / mi mail: [email protected]

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