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Daddy Yankee pasó por Chile para decir adiós y hasta más rato

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Ya ha pasado una semana desde que Daddy Yankee pisó suelo chileno para decir adiós y en esta semana hay muchas cosas que cambiaron para siempre, ya que durante tres días Daddy Yankee revolucionó Chile de muchas maneras. Digamos que DY no solo pasó por el Estadio Nacional a dar la última vuelta de la victoria como lo hacen los campeones, sino que además generó polémica, hizo beneficencia, puso a los políticos a debatir sobre la seguridad en los conciertos y por sobre todo eso puso a bailar a 180.000 personas que vieron cómo el pionero del reggaeton se despide con La Ultima Vuelta World Tour antes de retirarse de la música.

Concierto que, por lo demás, batió el récord histórico en Chile cuando vendió 3 estadios nacionales en tan solo 3 días.

Con su último disco llamado «Legendaddy» bajo el brazo el puertoriqueño a decir adiós al público chileno, a quienes deleitó con una selección de clásicos que no pararon de sonar uno tras otro dejando esa sensación de banda sonora y antología que pocos músicos logran luego de una carrera consistente.

Y es que el impacto de Daddy Yankee en el reggaeton y la música latina en general es definitivo. Se le atribuye haber acuñado el término «reggaeton» a principios de los 90 y sin dudas fue quien llevó el sonido a todo el mundo con «Gasolina», el tema que inició la fiesta en 2004. Luego su «Barrio Fino» fue el álbum más vendido de la década del 2000. En 2017, se convirtió en el más reproducido de Spotify a nivel mundial gracias al éxito mundial de «Despacito», primera producción latina en lograr esa hazaña. 

Hay que decirlo: Sin Daddy Yankee, probablemente no habría Bad Bunny, J Balvin Karol G. 

Tanto fue el revuelo e importancia de DY en su carrera que hasta una estatua le hicieron los de Spotify.

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Daddy Yankee en Chile: lo que pasó pasó

En Terra fuimos invitados junto con los demás colegas de la prensa para presenciar, bailar y vivir el primer show de Daddy Yankee en Chile el día martes 27 de septiembre y la jornada tuvo de todo un poco.

Gente que llegó muy temprano, largas filas, mucho comercio en los exteriores del Estadio Nacional y el nerviosismo propio de un megaconcierto. Con esos elementos ocurrieron las primeras peleas entre los guardias y quienes se pasaban corriendo para evadir la seguridad y entrar gratis. 

Entonces el mundo comenzó a enterarse de la parte fea de los conciertos cuando en redes sociales aparecieron los primeros memes y videos y fotos acerca de los incidentes aislados del Nacional

Horas más tarde la repercusión de los incidentes del nacional terminarían por llevarse la atención de la gente que, a través de la prensa y con informaciones imprecisas, esa noche se hizo un juicio. Más tarde hasta políticos, autoridades, expertos y memes se mezclaron en la discusión y el concierto del Big Boss terminó siendo el tema obligado de la mañana siguiente. 

Incluso apareció en el aire el fantasma de la suspensión ya que muchos pedían más seguridad para realizar los otros dos conciertos que Daddy Yankee tenía que dar en suelo chileno.

El miedo apareció y aforunadamente tanto la producción, Carabineros y el gobierno local, se hicieron cargo de procurar que tanto el miércoles como el jueves la gente se preocupara de ver el show y no de su seguridad. Bien resuelto, aunque es cierto que estas cosas no pueden pasar.

Y me refiero a los errores de administración (como por ejemplo poner guardias que golpean a palos a la gente y lanzan botellas al público); como tampoco puede ser que un evento musical sea excusa para delinquir y robar. 

A todo esto la Asociación gremial de espectáculos realizó una crítica al respecto poniendo el punto de que la seguridad de la gente y de los trabajadores que hacen posibles los shows tiene que volver a ser prioridad si es que pretendemos tener espectáculos de calidad en nuestro país.

Y si bien con los días se va olvidandó y uno puede llegar a decir que «ya pasó», lo cierto es que igual hay que lamentar precisaente que «eso malo pasó», y de paso tenemos que aprender a que si nos ponemos las pilas todos y todas es posible que no se repita, por el bien del público, de la música, de los trabajadores de espectáculos y por una sociedad que quiere volver a salir de casa para pasarla bien. 

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¿Cómo estuvo el show de Daddy Yankee en Chile?

Estuvo genial, te lo digo al tiro. 

Partió con un sólido, agradable y bien recibido show de Polimá West Coast que se puso encila la difícil tarea de abrir los fuegos en una noche tremente y no decepcionó. Por el contrario, fue coreado y aplaudido por el público. Con temas conocidos por los asistentes (como Ultrasolo) Polimá jugó todas sus fichas y puso en frente su simpatía para sacar la cara por los artistas chilenos. 

Lo hizo perfecto y puso sobre el escenario una muestra de su carrera que va en ascenso y todo el público entendió que cuando un joven se para para telonear al más grande del género hay que aplaudirlo, apoyarlo y desearle que en pocos años alcance la estatura necesaria para que el género urbano chilensis llegue cada vez más lejos.

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Luego de Polimá vino lo grande y tras una cuanta regresiva de tres minutos que apareció en las pantallas llegó Daddy Yankee con un sho de despedida que terminó siendo una fiesta preciosa desde el minuto 1, ya que el Big Boss del género urbano quien llegó al escenario «en avión», gracias a un impresionante trabajo de pantalla LED, al ritmo de conducción de «Campeón».

La palabra «LEGENDADDY» en mayúsculas brilló en la parte frontal del escenario para un show que estaba respaldado por un ejército de bailarines y bailarinas que marcaron cada momento con coreografías agudas y animadas.

Daddy Yankee salió vestido de negro y dorado, con sus clásicos guantes en la mano derecha, y fue cambiando de ropa a rojo, luego a naranja neón. 

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Después de Campeón cada canción, como «Problema, «Rompe», «Machucando», fue una explosión de energía más grande, una celebración más vibrante. 

«¡DJ, seguimos!» ordenó entre canciones, instando a la música a continuar.

Las cámaras enfocaban con frecuencia a la audiencia, destacando a hombres y mujeres que bailaban, cantaban y sonreían.

Las frecuentes colaboraciones de Daddy Yankee con otros artistas fueron inteligentemente incorporadas a través de apariciones en video de Bad Bunny, Ozuna, Lunay y Wisin y Yandel, Myke Towers y por supuesto Luis Fonsi para la superescuchada Despacito.

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El tramo final de «Con Calma», «Dura» y más cerca «Gasolina» -sus canciones más reconocibles- fue una explosión de manos en el aire y caderas en círculo, completa con cañones de confeti.

“Este es mi adiós”, dijo justo antes de abandonar el escenario. «Pero mi música sigue viva».

Separando los enormes problemas del exterior con el show que se vivió en el interior del Nacional hay que decir que no cabe duda de que el concierto de Daddy Yankee es hasta el momento uno de los conciertos que, en calidad musical y puesta en escena se llevan un puesto en el podio. Porque más allá de todos los inconvenientes las tres jornadas dejaron seguramente muy satisfechos a los más de 180.000 personas que vieron el glorioso adiós de DY.

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